Begiradak. Bases compartidas para la construccin social de la memoria en Euskadi

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El equipo formado por Josu Elespe y Maria Jauregi, familiares de vctimas de ETA, y Axun Lasa, vctima de torturas y hermana de una vctima del GAL, y los historiadores Unai Belaustegi, Eider Landaberea y Virginia Lpez de Maturana son los autores del documento.

Portada del documento

El proyecto, recogido en el documento que lleva por título ‘Begiradak. Bases compartidas para la construcción social de la memoria en Euskadi’, nace con el impulso de la Viceconsejería de Derechos Humanos, Memoria y Cooperación. Da forma al compromiso de promover ‘una memoria crítica del pasado de terrorismo y violencia’ y de ‘impulsar un acuerdo plural sobre principios y bases para nuestra memoria reciente como aportación significativa a la convivencia en la diversidad’. Compromiso 101 del programa de Gobierno 2020-2024 e iniciativa 7 recogida en el Plan de Actuación de Gogora 2021-2024.

Este proyecto nace con vocación de contribuir a la construcción de la convivencia democrática sobre la base de la memoria y la historia. Así, el equipo de trabajo lo componen, los historiadores:  Unai Belaustegi (UPV/EHU), Eider Landaberea (Universidad de Deusto) y Virginia López de Maturana (UPV-EHU). Y tres víctimas: Josu Elespe y Maria Jauregi, hijo e hija, respectivamente, de Froilán Elespe y Juan Maria Jauregi, víctimas de ETA, y Axun Lasa Arostegi, víctima de tortura y hermana de Joxean Lasa, víctima de los GAL.

En el documento presentado se recogen los frutos de una reflexión compartida, ‘no se trata de una suma de opiniones individuales, sino algo construido desde el denominador común’, algo que pone el foco en lo compartido por los seis, en lo que les une, y no en las diferencias ni en aquello que les separa.

El documento está estructurado en dos apartados principales, además de la introducción y un anexo con los nombres de las personas entrevistadas para este proyecto. El primer apartado está dedicado al propio proceso y consta de dos epígrafes: en el primero se ha querido subrayar la idea de que en materia de memoria y convivencia no empezamos de cero en Euskadi; en el segundo se da cuenta de la dinámica de trabajo del equipo. En el último apartado del documento se exponen los resultados principales de este proceso de reflexión.

 

Acceso al documento íntegro

 

Resultados englobados en 9 puntos

El documento presentado hoy, en su segundo apartado, resume en nueve puntos los resultados de este proceso de trabajo y reflexión que se ha regido por el principio de ‘construir desde lo común, desde lo que nos une, desde lo compartido’ una aportación a las bases para la construcción social de la memoria en Euskadi.

 

1. Futuro sin olvido

El ‘olvido’ ha sido, en palabras de los autores, en muchas ocasiones la manera en la que las sociedades han intentado asentar la ‘paz social’. Sobre las bases del ‘olvido jurídico’ (las amnistías y la impunidad) y del ‘olvido público’ (el no saldar las deudas del pasado públicamente) se han basado muchos modelos de paz y de reconciliación política.

Sin embargo, según los autores, la sociedad vasca no muestra deseos de ‘borrón y cuenta nueva’. La sociedad vasca quiere mirar al pasado y conocer las graves vulneraciones de derechos humanos, y quiere hacerlo desde posiciones constructivas e inclusivas, que sirva para asentar un modelo de convivencia duradero.

 

2. Futuro con Memoria(s)

La construcción de una memoria que deje constancia pública de acontecimientos y experiencias traumáticas que han afectado y afectan a una sociedad es una necesidad, apuntan. Sin embargo, en contextos políticos conflitivos y polarizados, los consensos sobre lo ocurrido suelen ser limitados, y eso conlleva a esforzarse para hallar unos ‘lugares comunes’. El marco internacional de los derechos humanos y los valores éticos y democráticos sirve a la sociedad vasca como lulgar común.

 

3. Superación de los relatos autojustificativos

Los autores constatan que la dificultad para construir una memoria que deje constancia pública de acontecimientos y experiencias traumáticas no radica en la pluralidad de memorias sino en los relatos autojustificativos que se construyen a partir de ellas.

Sin embargo, los relatos autojustificativos tienden a encerrar más y más en lo propio, marcan distancia de los demás, perpetúan y cronifican el escenario de ‘unos’ y ‘otros’; de ‘unos frente a otros’. Los relatos autojustificativos ‘levantan muros de contención que aíslan, excluyen y nos alejan de la construcción de nuevos espacios para una convivencia democrática’.

 

4. Revisión crítica y autocrítica del pasado

La historia parece demostrar que las sociedades que revisan de manera crítica y veraz su pasado tienen más garantías para esa ‘no repetición’, elemento fundamental para la convivencia. Esa revisión crítica conlleva ‘una revisión autocrítica que interpela directamente y sin excusas a quienes tuvieron responsabilidades directas e indirectas en las diferentes expresiones de terrorismo y en todas las manifestaciones de violencia de motivación política y vulneraciones de derechos humanos’.

Concluyen los autores que la revisión autocrítica del pasado ‘es un ejercicio recomendable para todos y todas y obligatorio para todos aquellos que han tenido responsabilidad directa e indirecta en todas y cada una de las vulneraciones de derechos humanos’.

Esta mirada al pasado debe incorporar una dimensión y una valoración ética porque toda violación de derechos humanos ha sido, es y será injusta. Ni los conflictos políticos ni la razón de Estado justifican, en ningún caso, el uso de la violencia.

 

5. La verdad

El derecho a la verdad es un pilar fundamental en el que anclar la memoria para la convivencia. Derecho que conlleva además un deber para las instituciones públicas, para la academia y para los agentes sociales. La verdad requiere en primer lugar de conocimiento, que ha de ser generado y transferido.

En el grupo de trabajo están presentes tres historiadores y, por tanto, se recalca la importancia del acceso a la documentación y la apertura de archivos para poder avanzar en él. En este apartado se apunta a que el conocimiento exige investigación, socialización y divulgación y, aunque se han producido avances significativos estos  últimos años, queda todavía un largo camino por recorrer. Por ello se señala la necesidad de  reforzar los recursos y las políticas orientadas a ampliar y profundizar en el conocimiento para dar cumplimiento así al ‘imprescriptible derecho a la verdad’.

 

6. Reconocimiento de lodas las víctimas: eje de las política públicas de memoria

Las víctimas representan la injusticia radical de la violencia y lo intolerable de lo sufrido. El reconocimiento de todas y de cada una de ellas es fundamental para la construcción de una convivencia democrática sustentada en un futuro con memoria y verdad. Se subraya la dimensión didáctica y pedagógica de los testimonio de las víctimas y el poder que tienen para humanizar los conflictos y facilitar conectar con la persona que sufre.

Asimismo, se señala que no asiste a las mismas (a las víctimas) mayor razón política por su condición de víctimas y se debe evitar su utilización política y su revictimización en el espacio público. Es más, ‘una sociedad democrática debiera aspirar a que la condición de víctima sea un lugar transitorio’. 

 

7. Memoria pedagógica y deber de transmisión

Numerosos acontecimientos del día a día demuestran la fragilidad de algunas conquistas sociales y derechos que la sociedad considera asentados e indiscutibles, ante eso, los autores apuntan que la ‘convivencia democrática exige trabajo y compromiso constante’.

Para afianzar ese compromiso, se destacan el poder de transmisión de experiencias educativas como Adi-Adian, o la potencialidad de los productos culturales de ficción para aportar otra visión distinta y, a la vez complementaria de a la formación reglada.

En este sentido, se señala la necesidad de que las generaciones más jóvenes adopten un papel activo en las políticas públicas de memoria, porque ‘ellas son las protagonistas del modelo de convivencia futuro’.

 

8. Memoria compartida

Los autores apuntan a que la responsabilidad de la construcción de una convivencia democrática requiere la voluntad y el compromiso de toda la sociedad, ‘es una responsabilidad compartida’. Por tanto, apelan, a todos, y a quienes tienen mayor capacidad de incidencia en particular, a ‘ejemplificar, con las propias palabras y actuaciones en el espacio público, los valores que se adscriben a la convivencia pública’.

Los autores hacen referencia a que la convivencia democrática necesita romper los muros levantados por los relatos autojustificativos durante muchos años para poder construir un nuevo espacio público abierto, inclusivo, de respeto y de diálogo democrático. Y ello requiere, señalan,  voluntad y compromiso, valentía para salir de las ‘zonas de confort’ y asunción de riesgos.

 

9. Memoria para la convivencia democrática

El presente condiciona la mirada al pasado y es, a su vez, el tiempo en el que se toman forma las expectativas de futuro. En este sentido, el documento señala que la sociedas vasca actual se pregunta por su pasado reciente, por las décadas de terror y graves vulneraciones de derechos humanos que han formado parte de las vidas de varias generaciones. La sociedad vasca, destacan, ‘mira al ayer –memoria- por la necesidad de comprender lo ocurrido y de crear unos mimbres sólidos que garanticen la no repetición y un convivencia democrática sólida –futuro-‘.